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martes, 3 de marzo de 2015

Histografía: Robert Capa. Sus inicios.

Robert Capa no deseaba ser fotógrafo de guerra, pero las circunstancias de la vida le impulsaron a ello. Nacido en el seno de una familia judía de Budapest, su verdadero nombre era André Friedmann. En 1931, a los 17 años, se ve obligado a exiliarse por haber participado en manifestaciones contra el régimen húngaro. Se instala en Berlín, donde empieza a trabajar en la célebre agencia Dephot. El director, Simon Gutmann, no tarda en reconocer el talento del joven fotógrafo y le envía a fotografiar a Lev Trotsky, que se encontraba en Copenhague pronunciando una conferencia.
 
DENMARK. Copenhagen. November 27th, 1932. Leon Trotsky lecturing. Robert Capa
Discurso de Leon Trotsky. 1932. Copenhague. Dinamarca

Robert Capa, logró mezclarse como un obrero más y pudo ver/fotografiar el discurso desde un punto de vista diferente, convirtiéndose además en el único fotógrafo que había conseguido retratar al exiliado ruso. Este primer trabajo se hizo famoso por retratar/trasmitir el intenso carisma que Trotsky mostraba en sus discursos.

En 1933, tras el ascenso de Hitler al poder, André Friedmann se ve de nuevo obligado a huir. Se instala en París, deseoso de ganarse la vida realizando reportajes fotográficos. Sin embargo, los inicios son difíciles: pasa hambre, la miseria y la xenofobia se ven mitigadas únicamente gracias a la compañía de sus nuevos amigos: Henri Cartier-Bresson y David Seymour, con los cuales Capa funda, años más tarde, la agencia Magnum Photos.

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martes, 17 de febrero de 2015

Histografía: Henry Cartier-Bresson. 1948

La noche del 30 de enero de 1948, mientras la muchedumbre empieza a agolparse ante Birla House, Cartier-Bresson fotografía en anuncio del asesinato de Gandhi por Nehru, un extremista hindú.

En febrero de 1947, Cartier-Bresson inaugura su primera gran retrospectiva institucional en el Museum of Modern Art de Nueva York. Unos meses después, junto con Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert, funda Magnum, la agencia que rápidamente se convertirá en uno de los referentes mundiales en el campo del fotorreportaje de calidad. Tras su exposición en el MoMA, Cartier-Bresson habría podido optar por ser meramente artista; sin embargo, decide hacerse reportero y se embarca en la aventura de Magnum. A partir de 1947 y hasta principios de la década de 1970, realiza multitud de viajes y reportajes en prácticamente todos los rincones del planeta, y trabaja para casi todas las grandes revistas ilustradas internacionales. Pese a las limitaciones que le impone la prensa, los cortísimos plazos inherentes al sistema mediático y las contingencias del trabajo por encargo, Cartier-Bresson logrará mantener un nivel de excelencia intachable en su producción fotográfica de esas décadas de reportero.

El 30 de enero se reúne con Gandhi unas horas antes del asesinato de éste. Cartier-Bresson a menudo contaba que Gandhi, mientras ojeaba un catalogo de su obra expuesta en el MoMa, se detuvo ante el retrato de Paul Claudel al lado de un coche fúnebre, y después de preguntar que significaba esa imagen exclamó: “¡La muerte, la muerte, la muerte!”. Menos de una hora después, Gandhi fue asesinado por un extremista hindú. En los días posteriores, Cartier-Bresson cubre los funerales de un modo reflexivo, construyendo su reportaje sobre un encadenamiento fluido de momentos impactantes. Capta las distintas fases de la ceremonia, la incineración y la dispersión de las cenizas en el Ganges. A diferencia de su reportaje de la coronación de Jorge VI en 1937, en Inglaterra, donde se aparto del cortejo rea para fotografiar los rostros de las masas, en el entierro de Gandhi retrata el elemento central del acontecimiento. Ya no es un fotografo surrealista, y provocador, sino un fotoperiodista que responde a las exigencias de la información. Los grandes periódicos internacionales saben que se encuentra en el lugar y se disputan la exclusiva de su reportaje. Sus instantáneas se venden al mejor postor y dan la vuelta al mundo.

El 3 de diciembre, aprovechando su estancia en Asia, la revista Life lo envía a Pekín en el momento en que el Ejército Popular de Liberación, dirigido por Mao Zedong (Mao Tse-Tung), está a punto de derrocar al Gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek.

En 1952 vuelve a Francia y posteriormente se traslada a la URSS, convirtiéndose en el primer fotógrafo occidental autorizado a viajar por el territorio soviético, donde fotografía el pueblo ruso después de la muerte de Stalin, ya que occidente reclama fotografías del país que había estado cerrado a la mirada extranjera durante años. Siguen varios viajes de larga duración por la República Popular China, Cuba, México, Canadá y Japón.

Durante esta época publicó su primer libro “Imagen à la Sauvette”, no fue el único, cuya cubierta la realiza Henri Matisse, y de inmediato se convierte en una obra de referencia. Nace la teoría del “instante decisivo”: La fotografía debe ser capaz de coger la vida por sorpresa, en su despertar, y las imágenes han de fijar esos instantes en los que el mundo parece organizarse según un encadenamiento de formas precisas, lleno de sentido; en suma, perfecto.


Nuestro ojo debe medir constantemente, evaluar. Modificamos las perspectivas mediante una ligera flexión de las rodillas, provocamos coincidencias de líneas mediante un sencillo desplazamiento de la cabeza de una fracción de milímetro, pero todo esto, que sólo se puede hacer con la rapidez de un reflejo, nos evita, afortunadamente, la pretensión de hacer “Arte”. [Henri Cartier-Bresson].

martes, 10 de febrero de 2015

Histografía: Henry Cartier-Bresson años 40

¿Cine o Fotografía?


1939. Henri Cartier-Bresson en La Règle du Jeu (Renoir)

En 1935, mientras esta en Nueva York, Cartier-Bresson siente curiosidad por el cine, y empieza a formarse en rodaje y montaje con Paul Stand y un grupo de documentalistas apasionados por el cine sovietico. Este grupo se hacía llamar “Nykino”, acrónimo de Nueva York y cine en ruso. Convencido de que tendrá más oportunidades para lanzarse en el mundo del cine en Europa, regresa a París. Después de ser rechazado por Luis Buñuel y Georg Wilhelm Pabst, se presenta ante Jean Renoir con un álbum de tela negra donde lleva todas sus mejores fotografías. Después del visionado, Renoir le propone ser su asistente en “La vida es nuestra”, una película de propaganda del Partido Comunista francés, encargo realizado antes de las elecciones de 1936 en las que se impuso el Frente Popular.

La colaboración con Renoir continua con su película “Una salida al campo” y luego con el rodaje de “La regla del juego”, en 1939. Ser asistente de Renoir, en palabras de Cartier-Bresson es como “ser la criada que lo hace todo”. Se encarga de localizar las escenas, los atrezzos, participa en la escritura de los diálogos, y en ocasiones hace de figurante, apareciendo brevemente en algunas películas, como podemos apreciar en la imagen que nos acompaña hoy.

A finales de 1937, se reencuentra con sus amigos de Nykino para dirigir “Victorie de la vie”, un documental sobre la asistencia medica en España durante la guerra civil. La película es subvencionada con dinero estadounidense ya que es un encargo realizado por la Oficina de Salud y del Comité Norteamericano de Ayuda a la Democracia Española, y se realiza como un llamamiento para recaudar fondos por la causa republicana. Al año siguiente, plasma esta experiencia en otra película documental titulada “L’Espagne vivra”.

Durante estos años dedicados al cine, Cartier-Bresson no abandona la fotografía. Sigue publicando reportajes en las revistas Regards y Le Crapouillot, y en 1937 acepta el puesto de reportero en plantilla que le ofrece en Ce soir, periódico comunista fundado por Aragon en ese mismo año.


martes, 3 de febrero de 2015

Histografía: Henry Cartier-Bresson 1932

¿Que es histografía? Histografía es la historia que hay detrás de una imagen y consiste en posicionar en la vida del fotógrafo el momento que tomó la imagen. Si seguís leyendo lo entenderéis. Cada semana y durante un mes recorreremos la vida de un fotógrafo a través de sus fotografías, desde sus inicios a sus grandes logros. Comenzaremos con el “ojo del siglo”: Henry Cartier-Bresson.

Si existió alguna vez una mirada capaz de transformar para siempre la forma de observar la realidad y de reflexionar sobre la fotografía, ésta fue sin lugar a dudas la de Cartier-Bresson.

A los 20 años abandonó los estudios para entrar en el estudio del pintor André Lhote, donde observa, estudia y aprende de los surrealistas de la época. A través de René Crevel, a quien conoce en casa de Jacques-Émile Blanche, asiste, desde una esquina de la mesa y sin pronunciar una palabra debido a que era algo vergonzoso, a algunas de las reuniones en torno a André Breton celebradas en los cafés de la Place Blanche. De esos encuentros tomará ideas del mundo surrealista como los objetos empaquetados, los cuerpos deformados, los soñadores con los ojos cerrados... Pero lo que más le marca del surrealismo es su actitud: el espíritu subversivo, el gusto por el juego, el lugar otorgado al inconsciente, lo urbano, y el azar. Cartier-Bresson será especialmente sensible a los principios de la belleza convulsiva enunciados por Breton y no dejará de ponerlos en práctica a lo largo de los años treinta. Desde ese punto de vista, es sin duda uno de los fotógrafos más surrealistas de su generación.

En 1930 decide hacer un viaje a Costa de Marfil, donde permanece casi un año practicando varios oficios, desde comerciante de madera a agricultor. La fotografía no era la finalidad, aunque se había llevado la cámara, pero de vez en cuando hacía alguna que otra foto. Las tomas están llenas de planos picados y disposición de las formas repetitivas. 

Al regresar a Francia, por unas fiebres, descubre una fotografía de Martin Munkácsi en la que aparecen tres niños de color corriendo para zambullirse en el agua. Le deja tan impresionado que comenta: “debo decir que esa fotografía fue la que desató mi pasión, la que me motivó a observar la realidad a través del objetivo. Esta imagen tiene tanto rigor de composición que todavía me maravilla.”

Desde ese momento decide dedicarse a la fotografía. Entonces comienza a practicar la fotografía realizando diversos viajes por Europa, aplicando todo lo aprendido en sus charlas surrealista. El resultado tiene tal belleza que le lleva a exponer en la galería Julien Levy, en Nueva York (1932), año al que corresponde la fotografía.

Henry Cartier-Bresson. 1932
1932. Francia. Hyères